Žižek y el escándalo de creer en el ateísmo
Por Paloma Rodera
En un momento histórico en el que las sociedades occidentales parecen oscilar entre el agotamiento espiritual y el retorno de los fundamentalismos, Slavoj Žižek vuelve a intervenir con uno de esos títulos que funcionan como provocación conceptual y, al mismo tiempo, como gesto performativo: Ateísmo cristiano. Cómo ser un verdadero materialista. No es solo un libro, ni siquiera un ensayo filosófico en el sentido tradicional. Es, sobre todo, una bomba dialéctica lanzada contra el pensamiento cómodo.
Žižek lleva décadas practicando un ejercicio intelectual que consiste en desmontar las categorías con las que creemos interpretar la realidad. En esta ocasión, el filósofo esloveno se adentra en uno de los territorios más incómodos del pensamiento contemporáneo: la religión. Pero lo hace desde una paradoja que atraviesa todo el texto: para ser verdaderamente ateo —y aquí radica la provocación— hay que pasar por la experiencia cristiana.
El ateísmo como herencia cristiana
El punto de partida del libro es, en apariencia, escandaloso. Žižek sostiene que el materialismo dialéctico solo puede construirse plenamente si atraviesa el legado del cristianismo. Según su planteamiento, no se trata de aceptar la fe ni de regresar a un pensamiento religioso, sino de comprender cómo el cristianismo contiene en su interior la semilla de su propia superación. El autor insiste en que convertirse en un materialista real implica recorrer esa tradición para socavarla desde dentro y revelar su potencial emancipador.
Esta tesis, lejos de ser una simple provocación, responde a una constante en la obra de Žižek: la búsqueda de un pensamiento que no niegue frontalmente las estructuras ideológicas, sino que las lleve hasta sus últimas consecuencias. En este sentido, el cristianismo aparece como un acontecimiento cultural que introduce una ruptura radical en la concepción de la divinidad, especialmente a través de la figura de un Dios que sufre y muere. Esa imagen, argumenta el filósofo, abre la puerta a una concepción universalista basada en la igualdad radical entre los sujetos.
El libro, así, propone una lectura heterodoxa del cristianismo como una tradición que, paradójicamente, prepara el terreno para el ateísmo.
Entre Hegel, Marx y Lacan
Como ocurre en casi toda la producción de Žižek, Ateísmo cristiano es un mosaico intelectual en el que convergen referencias aparentemente inconexas. El autor articula su reflexión a través de la tradición hegeliana, el marxismo y el psicoanálisis lacaniano, combinando teoría política, análisis cultural y especulación filosófica.
El texto examina los límites entre religión, ateísmo y materialismo, y lo hace revisando a pensadores clave que van desde Hegel hasta Marx y Lacan. Desde esta genealogía teórica, Žižek plantea que el cristianismo puede entenderse como un dispositivo simbólico que permite repensar el compromiso político contemporáneo y las formas de emancipación social.
Este enfoque responde a una de las obsesiones del filósofo: mostrar que las ideologías no desaparecen simplemente negándolas. Por el contrario, deben analizarse como estructuras simbólicas que organizan la experiencia colectiva. El ateísmo, en este marco, deja de ser una mera negación de Dios para convertirse en una posición crítica frente a cualquier forma de trascendencia que pretenda clausurar la incertidumbre humana.
El cristianismo como evento radical
Uno de los argumentos más sugerentes del libro consiste en presentar el cristianismo como un acontecimiento revolucionario que descentra la idea tradicional de un Dios omnipotente. Para Žižek, la muerte de Cristo representa un gesto filosófico que rompe con la noción de una autoridad absoluta y abre un espacio para la responsabilidad humana.
Esta interpretación se aleja tanto de la lectura religiosa convencional como del secularismo simplista. El cristianismo, en su versión más radical, aparece como un relato que despoja al sujeto de la seguridad metafísica y lo obliga a enfrentarse a la contingencia del mundo. Desde esta perspectiva, el ateísmo no sería una ruptura con la tradición cristiana, sino su culminación lógica.
Pop culture, política y teoría crítica
Como es habitual, Žižek construye su argumentación mediante una red de referencias que atraviesa la cultura popular, la física cuántica, la inteligencia artificial o el cine contemporáneo. Esta mezcla, que para algunos lectores puede resultar caótica, constituye precisamente uno de los rasgos distintivos de su pensamiento. El autor utiliza estas conexiones para mostrar cómo las estructuras ideológicas se infiltran en todos los ámbitos de la vida cotidiana, desde la política hasta el entretenimiento.
La amplitud temática del libro convierte el texto en una especie de microcosmos del pensamiento de Žižek, donde conviven la crítica al capitalismo tardío, el análisis de las nuevas espiritualidades y la reflexión sobre la subjetividad contemporánea.
Un filósofo incómodo
Leer a Žižek implica aceptar la incomodidad. El autor no pretende ofrecer respuestas definitivas ni construir sistemas filosóficos cerrados. Su estrategia consiste en provocar cortocircuitos conceptuales que obligan al lector a replantear sus certezas. En este sentido, Ateísmo cristiano funciona más como un detonador intelectual que como un tratado sistemático.
El filósofo esloveno continúa situándose en ese espacio híbrido que combina el ensayo académico con el gesto performativo. Su escritura, llena de humor, digresiones y paradojas, refuerza la sensación de que el pensamiento crítico solo puede surgir en los márgenes de las categorías establecidas.
Pensar el vacío
Quizá la tesis más profunda del libro sea que el materialismo contemporáneo debe aceptar la incompletud de la realidad. Frente a la búsqueda de sistemas totalizadores, Žižek defiende una concepción del mundo marcada por la fractura y la ausencia de garantías metafísicas. Este enfoque, que bebe tanto de la dialéctica hegeliana como del psicoanálisis, redefine el ateísmo como una ética de la responsabilidad radical.
En un tiempo dominado por la ansiedad identitaria y la necesidad de certezas, el autor propone una idea incómoda: la libertad humana solo puede surgir cuando desaparece la figura de un orden absoluto que legitime nuestras decisiones.
Un libro para tiempos inciertos
Ateísmo cristiano confirma que Žižek sigue siendo una de las voces más singulares del pensamiento contemporáneo. Su capacidad para combinar tradición filosófica, crítica cultural y provocación intelectual convierte el libro en una lectura exigente pero estimulante.
Más que una reflexión sobre la religión, el ensayo es una invitación a pensar la condición humana en un mundo donde las estructuras simbólicas tradicionales se encuentran en crisis. Žižek no ofrece consuelo ni soluciones, pero sí plantea una pregunta fundamental: ¿qué significa vivir sin garantías trascendentes y asumir plenamente la libertad que esa ausencia implica?
En un panorama cultural dominado por la polarización ideológica, el filósofo esloveno vuelve a recordarnos que el pensamiento crítico comienza allí donde las categorías aparentemente opuestas dejan de ser evidentes. Y es precisamente en esa zona de ambigüedad —entre fe y ateísmo, entre tradición y ruptura— donde su obra sigue encontrando su potencia más perturbadora.
