La Casa Encendida continúa este 2022 con el proyecto iniciado el pasado año por el cual la Sala A se convierte en un espacio donde un comisario o colectivo presentan un ciclo expositivo durante doce meses. El ciclo, que está dividido en varios capítulos o episodios, presentan propuestas que entablan un diálogo con el presente. El de este año está comisariado por Rafa Barber Cortell, lleva por título Fantástico interior y se compone de cuatro escenas que abordan temas actuales como la intimidad, la soledad o el autocuidado.
La primera muestra estuvo dedicada a la obra de Ad Minoliti y actualmente la Sala A acoge la exposición Buen camino de la artista gallega Marina González Guerreiro, que podrá visitarse desde el 20 de abril hasta el de 19 de junio. El tercer y cuarto episodio presentan las piezas de Eva Kot’átková y Korakrit Arunanondchai. A través de las obras de estos cuatro artistas, el espectador se introduce en la esfera de lo íntimo, tradicionalmente vinculado al hogar, a la idea de vulnerabilidad y al mundo de los sentimientos y de las emociones ocultas.
Si bien la obra de Ad Minoliti estaba centrada y dedicada a la infancia a través de la relectura desde la perspectiva queer del cuento de Caperucita Roja, la obra de Marina González Guerreiro se centra en la idea de cambio o transición propia del paso de la adolescencia a la madurez. La artista gallega en sus obras previas ahonda en temas como la rutina y la intimidad, pero para el proyecto de La Casa Encendida aborda un nuevo tema de estudio y trabajo: la idea de tránsito. El cambio de etapa y el concepto de puente o camino se puede interpretar como el cambio de la etapa adolescente a la adulta. Esta serie reúne diversas piezas formadas, como es habitual en la artista, por materiales precarios como cuerdas, azulejos, flores o palmas.
La primera obra con la que el espectador se encuentra al entrar en la Sala A es la reproducción de la estantería de su habitación de su hogar en Galicia que está repleta de objetos cotidianos como calendarios, velas y maquetas de puentes, los cuales aluden a la idea de tránsito.
Los azulejos blancos pintados con dibujos están repartidos por toda la sala y se trata de una referencia a las marcas de peregrino. Árboles, notas, calendarios o mapas son algunos de los dibujos realizados en tonalidades azuladas y naranjas en el azulejo.
La obra central de la exposición es el puente, un puente entendido no como un destino, sino como un tránsito o un medio que conecta dos orillas. Este puente está realizado a partir de materiales perecederos como cuerdas, palmas o redes decoradas. Marina González se inspira en el puente de Q´eswachaka construido sobre el río Apurímac cerca de Cuzco, Perú. Durante el mes de junio cuatro comunidades nativas de las cercanías se reúnen desde hace varios siglos con el propósito de reconstruir el puente que durante los meses de primavera se deteriora a causa de las fuertes lluvias. Este puente que conecta las dos orillas del río Apurímac y las comunidades de Chaupibanda, Choccayhua, Huinchiri y Ccollana Quehue es entendido por la artista como una metáfora del tránsito, del paso de una etapa de la vida a la siguiente.

















