Desde el 22 de febrero hasta el 26 de junio de 2022 estará abierta al público la nueva exposición del Museo Thyssen de Madrid. En Paisajes emocionales se exponen cuatro videoinstalaciones nunca exhibidas en Madrid y varias de las acuarelas del artista islandés Ragnar Kjartansson. La muestra que está comisariada por Soledad Gutiérrez, curadora jefe de TBA21, surge de la relación de quince años entre el artista y la presidenta y fundadora de TBA21, Francesca Thyssen-Bornemisza.
Un acercamiento a Ragnar Kjartansson

Ragnar Kjartansson (Reikiavik, 1976) estudió en la Academia de las Artes de Islandia y en la Royal Academy de Estocolmo y actualmente reside en la capital islandesa. Kjartansson se sirve de la historia del cine, de la música, del teatro y de la literatura para crear sus performances duraciones, videoinstalaciones, dibujos y acuarelas. Proviene de una familia relacionada con el arte —sus padres actores y su madrina cantante folk— y desde joven se ha interesado por Norteamérica, concretamente por los estereotipos americanos. Tanto la música, como la escenificación y la simulación son bases sobre las que se asienta la obra de Kjartansson y que emplea para ofrecer una experiencia real al visitante o usuario. El artista islandés ha expuesto en instituciones reconocidas mundialmente como en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, la Barbican Art Gallery de Londres o el Palais de Tokyo de París. Asimismo, ha recibido numerosos galardones y reconocimientos y ha sido el representante de Islandia en la Bienal de Venecia.
Emotional Landscapes
El título de la exposición, Emotional Landscapes, proviene de la famosa canción de la cantante islandesa Björk, Jóga. La muestra que se encuentra distribuida entre el sótano y la primera planta del museo recoge la serie de acuarelas From the Valley of World-Weariness in British Columbia y cuatro videoinstalaciones: The Visitors, The Man, The End y God. Kjartansson entiende el arte como un espacio de experimentación. Se sirve de diferentes medios para crear la escenografía de sus performances duracionales, las cuales se llevan al museo en forma de instalaciones multimedia donde la música y los decorados y escenografías tienen un papel protagonista. De entre sus influencias destacan artistas, pintores y músicos de distintas épocas y latitudes. Por un lado los pintores considerados como los grandes referentes de la pintura europea de los siglos XVIII y XIX, como el pintor romántico Friedrich, con quien comparte el interés por la belleza de lo sublime de la naturaleza. La música tradicional islandesa, las canciones pop de los 60 y compositores y cantantes como Mozart, Nina Simone o Prince son también sus referentes. Asimismo, bebe de los grandes performers como Manina Abramović o Bruce Nauman.
God es una videoinstalación monocanal de 30 minutos que se encuentra expuesta en la Sala Rodin del museo. En ella vemos al artista vestido con un esmoquin negro rodeado de una orquesta de jazz. La escena se ubica en lo que parece un salón de baile decorado con cortinas de satén rosas. Durante la media hora de duración encontramos a Kjartansson repitiendo la frase “Sorrow conquers happiness”, emulando a los grandes artistas del Hollywood dorado. Se sirve de la imaginería, de los clichés, de las poses, de la vestimentas y de las posturas de los cantantes estadounidenses de los años 50 para crear su obra.

The End es una videoinstalación de cinco canales de 30 minutos y 30 segundos de duración. Esta pieza fue producida para el pabellón islandés en la 53 edición de la Bienal de Venecia y fue grabada en las Montañas Rocosas. En cada uno de los cinco canales se muestra una proyección que sincronizadas forman una canción de country.

The Man es una videoinstalación monocanal de 49 minutos de duración en la que se reproduce una actuación del Pinetop Perkins, un músico de blues natural de Misisipi que en ese momento contaba con 97 años. La pieza alude a la pintura de Andrew Wyeth, Christina´s World.

The Visitors es su creación más reconocida. En esta videoinstalación de nueva canales y de 64 minutos de duración encontramos representada la actuación de un grupo en una mansión casi ruinosa al norte del estado de Nueva York y junto al río Hudson. Esta obra es un himno a la banda ABBA, el grupo favorito del artista, donde la melancolía y la nostalgia de la propia actuación, casa a la perfección con el espacio en el que se ambienta, la decadente aunque encantadora mansión de la finca Rokeby.

