Desde el pasado año 2021, La Sala A de La Casa Encendida, acoge un ciclo expositivo dividido en varias escenas, episodios o capítulos que está bajo la dirección de un comisario o colectivo. Se trata de un espacio dinámico donde poder experimentar y abordar temáticas y problemáticas actuales. Este año el comisario Rafael Barber Cortell es quien inicia este recorrido que lleva por título Fantástico Interior. Este ciclo expositivo gira alrededor del concepto de intimidad y ahonda en cuestiones como la soledad, la vulnerabilidad, la salud mental, el autocuidado o la potencialidad creadora.
El ciclo Fantástico Interior es una exposición con mucho contacto con el ahora, una conversación con el presente. Para el comisario, la idea de interior ha sido durante muchos siglos una imposición. Desde la pandemia de Covid-19 la población se ha visto obligada a pasar más tiempo en el interior de las casas y su relación con estos espacios ha cambiado, por lo que ha cambiado esta idea de intimidad. En este sentido, la serie no versa sobre el espacio, sino del interior de nosotros mismos, de un espacio donde se practican las emociones.
El título de la serie, Fantástico Interior, responde la colección de relatos de la escritora y profesora universitaria, Pilar Pedraza. En la serie podría verse una especie de evolución armónica entre las cuatro exposiciones. Para Rafael Barber, esta evolución no ha sido buscada ni impuesta, sino que se ha organizado de una manera orgánica. La primera exposición trata sobre la infancia; la segunda habla de la idea de puente, de paso o de espacio intermedio, lo que podría relacionarse con la etapa de la adolescencia; la tercera versa sobre la madurez y todo lo que ello conlleva: la empatía, la maternidad o la sanación; en la cuarta y última se advierte la última etapa de la vida y la muerte.
La primera escena, inaugurada el 26 de enero y titulada Cuentos de Peluche, pertenece Ad Minoliti, artista que se considera de género no binario. Para Minoliti la infancia es entendida como la etapa de la vida en la que se nos impone un rol determinado: femenino o masculino. En la instalación se reinterpreta el cuento de Caperucita Roja desde una perspectiva no binaria y defienden una identidad de género fluida. Caperucita —CAp— y el lobo —Lobe— se encuentran y deciden pasear por un bosque, el cual ya no es un lugar peligroso.

En esta instalación de Minoliti encontramos grandes murales en las paredes de la sala que emulan al bosque del cuento. Este bosque es mucho más amigable y nada terrorífico. Sobre los muros se advierten lienzos de menor tamaño que ayudan a ambientar el espacio. Minoliti utiliza la geometría para la creación de sus obras e investiga sobre la historia de la abstracción y el momento en el que la Bauhaus democratiza y lleva este nuevo estilo a las casas y a los interiores de los hogares durante la década de los años 70. Esta es una abstracción más doméstica pero también artística. Minoliti crea un ambiente pictórico habitable.
En la sala encontramos dos estructuras antropomorfas ataviadas con el traje de caperucita, CAp, y del lobo, Lobe. Estos trajes que vestirán los aristas Hapi Hapi y Marcus Massalami. En el traje de CAp podemos leer: ‘reivindico mi derecho a ser un monstruo’, lema que hace referencia a la imposición binaria propia de nuestra sociedad. Los trajes quedan completos con dos obras de Feli Quispe. Se tratan de dos furries, conocidos en la cultura popular como dos trans-especie de aspecto animal.
La instalación quedaría completa con la performance de los dos artistas. Esta parte performativa tiene influencia de la Bauhaus y se reinterpreta este cuento infantil desde una perspectiva no binaria. Ante la imposibilidad de representar la performance diariamente, se reproducirá una fotonovela a modo de cuentacuentos en la que Hapi Hapi y Marcus Massalami interpretan a CAP y Lobe. La performance tiene lugar en un espacio escenográfico y no cuenta con texto ni diálogos pero la música, concretamente el violín, tiene una importancia vital en el desarrollo de la obra.






